| A los hijos no hay que preguntarles qué quieren de comer, salvo cuando ellos invitan.
Procuremos más ser padres de nuestro porvenir que hijos de nuestro pasado.
Es hermoso que los padres lleguen a ser amigos de sus hijos, desvaneciéndoles todo temor, pero inspirándoles un gran respeto.
Cuando un recién nacido aprieta con su pequeño puño, por primera vez, el dedo de su padre, lo tiene atrapado para siempre. |